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"¡AH! LA MUJER" La personalidad femenina es rica y muy compleja. La mujer es melodía y poesía, es ternura y momento. Vive el detalle, la concreción y la pequeñez. Su rumbo es la esperanza, la vitalidad y la fortaleza. Es dispensadora de gracia y humor. Su desprendimiento, resistencia y solicitud no tienen límites. Su índole innata es la capacidad esencial del amor. Derrocha su propio ser que es el cariño, la seguridad y la moderación. Es la vida, portadora y dadora de la vida y afirmación de la vida, por eso va delante, su visión es más amplia, admite la innovación y avizora un horizonte más ancho. En la penuria y desgracia, es sostén y báculo de pacificación. En la percepción de la realidad, desecha lo colectivo y viene a lo individual. Es la familia y es la educación. Su condición natural de diálogo y de paz contribuirá siempre en este ambiente materialista al crecimiento de individuos que vivan la entrega, el servicio y el amor al prójimo menos violentos y egoístas. Allí donde exista la dirección y el ordenamiento de la mujer, la sociedad encontrará solución a muchos problemas y se creará un ambiente más libre, justo y dialogante. La mujer es el principio conformante de la familia, de manera que, cuando falta, la familia se diluye, se disgrega y casi deja de tener entidad. Es la que une, entronca y da consistencia; ella crea hogar, hace familia. Sostiene y vitaliza al marido, al tiempo que da vida y educa a los hijos. El íntimo entronque existente entre educación y desarrollo individual y social indica la relevancia sobresaliente con que la sociedad ha de tratar y suscitar la instrucción materna, familiar y escolar. Siendo una obviedad afirmar que la mujer biológicamente es diferente al hombre y que sólo ella dispone de los órganos necesarios y apropiados para realizar la maternidad, ciertamente, esta diversidad biológica se manifiesta también, por la íntima unión del soma y la psique, en las expresiones anímicas y espirituales. Las palabras «esposa» y «madre» tienen valor general y atemporal. La primera palabra que aprende el niño es la de «madre» o «mamá». La maternidad es una realidad exclusiva de la constitución femenina. Por su carácter esencial y complejo, cae bajo variadas dimensiones de gran importancia médica, psicológica, moral, social… La maternología es un apartado de la Ginecología en conexión con el estudio fisiológico y patológico de la gestación y del parto de cuya observación y asistencia se encarga la Obstetricia. El ser madre requiere unas atenciones y cuidados continuados de su facultad generativa para conservar y mantener la sublime misión de la procreación. De ahí la solicitud que precisa el afianzamiento y desarrollo de la pubertad. Es importante impartir una educación adecuada y examinar los cambios, irregularidades y alteraciones que pueden afectar la estabilidad física o psíquica de la incipiente mujer. Porque está destinada a la misión más alta del ser humano, de carácter «cuasi» divino. Participa en el acto creador de Dios. Su constitución para traer nuevos seres al mundo es el hecho más extraordinario y maravilloso, casi incomprensible e inimaginable. Madre es la palabra más dulce que se pronuncia. La madre es amor, abnegación, amparo y ternura. Madre significa comprensión, seguridad, sacrificio. Beso y abrazo es madre. Sonrisa y calor es madre. Es rosa y jazmín, fragancia y miel. Y, así, con ese hondo sentimiento, añorando siempre su falta, pues su ausencia se siente siempre prematura, le cantamos en versos emocionados: Madre, tú eres mi savia y mi rocío, el hálito que me hace resistir; si me dejas, no quiero ya existir, sin ti, el mundo será mi desvarío.
Camilo V. Mudarra es
Lcdo. en Filología Románica |